Cada persona es una bomba, alguien que puede explotar, ser explotado , usarse como misil para detonar en otros, o sobre sí mismo. Vivimos el bombardeo de información, posibilidades, vidas ideales, amores, belleza, objetos y sujetos a disposición.
Sumergidos a presiones que nos obligan a elegir, pero no a ser libres. El bombardeo es contante, para ser un buen hijo, un buen estudiante, un buen ciudadano, un buen usuario, un buen consumidor.




